07 octubre 2013

PERLA ESCONDIDA EN LA CARTA Nº 198

Carta nº 198    Noviembre 1900
“Sea Dios bendito por todo y Él nos dé su gracia para que le amemos mucho “

Versión libre octubre 2013:
“Bendito sea Dios, Él nos conceda su fuerza y nosotros le respondamos amándole”

            Bendecir a Dios es fácil para los creyentes a los que las cosas les van bien, a los que la vida les sonríe, pero lo bueno es bendecir a Dios siempre. Y ahí es donde se diferencia a los creyentes.

            Bendito sea Dios que nunca se separa de nosotros, que nos cuida como un Padre y nos ama como a hijos. Y ese Dios al que bendecimos es un dios de vivos. No somos testigos de Anubis, aunque a veces lo pueda parecer.

            ¿Qué recibimos de ese Dios de vivos al que bendecimos? Su gracia, su fuerza, su Espíritu. Por eso seguimos hoy diciendo que nos dé su gracia, que no nos deje solos, que no nos olvide, aunque sabemos que esto nunca será verdad, ya que Él nunca se aleja, aunque a veces parece que se distancia. Necesitamos, le necesitamos, por eso seguimos pidiendo.

            Y por eso seguimos ofreciendo lo que tenemos, lo que somos. Y por eso nosotros nos hemos comprometido a amarle a ser testigos de ese amor. Aunque hace tiempo leí otra expresión que me gusta tanto como “testigos” y que responde perfectamente a lo que quiero expresar: ser “CAUCE”.

            “Bendito sea Dios que con su gracia nos permite ser cauce”


            Y ahora toca preguntarnos ¿qué tipo de cauce soy?.. Porque lo que tengo claro es el manantial de donde nace el agua, lo que tengo también claro es la calidad del agua, pero lo que me falta es saber  qué tipo de cauce soy. O dicho de otra forma ¿por dónde se me escapa el agua? ¿por dónde dejo escapar el agua?  Es cierto que no siempre el cauce es igual de ancho, igual  de frondoso, igual de animoso, o de ruidoso, pero lo que es también cierto es que el caudal siempre está. Por eso si mi cauce se abre mucho puede llegar a parecer que el rio va seco y eso se nota. Conozco ríos donde parecen dos ríos diferentes según por donde te acerques a verlos. Y para acabar: me gustan los ríos donde su cauce habla de vida, donde todos los días hay un esfuerzo por ser buen cauce por donde irremediablemente pasan piedras que hacen daño y siempre agua que cura.

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