Carta nº 197 Noviembre 1900
“Dios proveerá “
Después
de dos semanas hablando, en el evangelio de los domingos, del dinero y de los
ricos, hoy… Dios proveerá.
¿Quién
no ha pasado por circunstancias económicas difíciles? ¿De dónde hemos sacado las
fuerzas para superar esos momentos? Muchas cartas de la M. Cándida reflejan las
situaciones de ese momento, las penurias, el hambre, la incertidumbre. Y ante
estas circunstancias… Dios proveerá. Y conforme leo más cartas, descubro a una
mujer que no se quedó con los brazos cruzados, sentada en una silla repitiendo
esta frase a las hermanas. No. Descubro a una mujer que a pesar de todo,
siempre tuvo una palabra de confianza en quien se había fiado y de quien sabía
a ciencia cierta que nunca le fallaría.
Hoy
también tenemos circunstancias difíciles, pero ¿respondo con la misma seguridad
y certeza a estas necesidades? ¿Cómo respondo?
El
dinero hace falta, no soy quien para juzgar a los ricos ni a los pobres, aunque
sí libre para hablar de lo que pienso. Creo que la clave es ¿dónde está mi
corazón? ¿qué tipo de sangre corre por mis venas?
Dios
proveerá, por supuesto. Mejor, Dios provee y siempre. Sólo hay que mirar a
nuestro alrededor y ver a tanta gente que impulsada por al amor a Dios se
entrega voluntariamente al servicio de los demás, entrega su tiempo y algo más,
en ayudar a los que puede. Mucha gente organizada para repartir alimentos,
ropa, libros y sonrisas. Y esto ¿no es que Dios provee? Porque no creo que
estemos esperando ese extraordinario acontecimiento donde con efectos
especiales Dios provea y lo deje claro.
Dios
provee con nuestras manos, pero sobre todo con nuestro corazón.
Al
leer esta frase, sólo me quedo con sensaciones de ánimo. De saber que no estoy
solo, que no estamos solos. De saber que tengo mucho por hacer, que muchas
veces me equivocaré y tendré que repetirme: “Dios proveerá”. Pero sobre todo, saber
que ante las dificultades hay que caminar y confiar.
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