Los dones que nos regala el Señor, son para compartirlos con los demás si no hacemos esto no tienen sentido. Lo mismo sucede con las vocaciones cuando realizamos una tarea o función que nos gusta nos entregamos a ella, la educación no escapa a ello; cuando nos gusta educar, nos convertimos en maestros innatos.
Para poder ejercer esta profesión es necesario tener vocación, porque formar personas exige entrega, paciencia, amor, humildad, perseverancia, fe, sensibilidad, respeto, colaboración… para mí es como un sacerdocio donde el compromiso va más allá de cumplir un horario, tiene que ver con la integración, colaboración desinteresada, la escucha atenta, la búsqueda de soluciones conjunta, sentirme parte de la comunidad, creer en la gente, sentir que pase lo que pase Dios Padre misericordioso siempre está con nosotros.
Podemos ver y sentir por los comentarios de los padres, madres, alumnos, docentes, vecinos…, que la escuela está cambiando, no porque reciba más recursos económicos sino porque sus actores cada vez más se hacen más conscientes de su rol y además es evidente que si queremos cambiar la sociedad tenemos que empezar por nosotros mismos.
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