15 abril 2013

PERLA ESCONDIDA EN LA CARTA Nº 185


Carta nº 185    Julio 1900
“…vean delante de Dios lo que mejor convenga… ”  


            En medio de la carta de este lunes me encuentro con algo fundamental y muchas veces olvidado. Unas veces por olvido o despiste y otras por creer que es innecesario. Pero los dos planteamientos son equivocados. Ver las cosas delante de Dios es necesario para estar seguro que es la opción mejor. Ver las cosas delante de Dios es ponerle como testigo para seguir caminando y a la vez decirle claramente que mi camino quiere ser tu camino.

            Ver las cosas delante de Dios es tomar la decisión de amar y ponerle por encima de mis planteamientos. Ver las cosas delante de Dios es confiar en que Él entiende mejor mis pensamientos y me ayudará. Ver las cosas delante de Dios es simplemente amar y dejarse amar. Porque, en definitiva,
“amar es estar siempre empezando”
y de eso se trata de empezar cada vez que nuestra vida nos plantea un tropiezo.

            Y ver las cosas delante de Dios no es ir a contarle lo que hemos decidido, sino todo lo contrario, es ir a contarle lo que pienso y dejar que  me cuente lo que Él piensa. Y en esa escucha, en ese diálogo interior, descubrir cuál es el camino que debo tomar, y siempre la respuesta es la misma: Lo que mejor convenga para Dios, lo que más se acerque al Evangelio, lo que sea en beneficio de los demás para mayor gloria de Dios.

            Elegir el camino de la simplicidad, de la sencillez, de la cotidianidad,
  de la sinceridad. Y por eso me gusta este Papa. Rompe con algo que sólo encorseta. Y eso me gusta. Porque además es un lenguaje que todos entienden, es el lenguaje de alguien que lo tiene claro y lo pone en práctica.

            Necesito ver más cosas delante de Dios, necesito robar tiempo al día para darle tiempo a Dios y provocar más diálogos. Porque creo firmemente que es la respuesta a algunas de mis preocupaciones.

            Quiero ser discípulo de aquel que se arremangó y se le apareció a los discípulos y se puso a almorzar con ellos. Quiero ser discípulo de aquel que siempre descubre una nueva oportunidad, de aquel que me dice vuelve a echar la red, vuelve a confiar, vuelve a hacerlo de nuevo.

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