“… necesito que todas
me ayuden con sus oraciones”
La oración siempre
es buena y necesaria. La ayuda siempre es buena y necesaria. Y cuando se
necesita ayuda, la oración acompaña. Por eso la M. Cándida, en situaciones
concretas, pedía ayuda, pedía oración, porque sabía a quién había que acudir
para que las cosas se arreglasen.
En
estos momentos, en estos días, no encuentro otra frase mejor para compartir con
todos los que formamos esta gran familia:
“…necesito
que me ayuden con sus oraciones”
y
lo necesito porque estoy seguro y convencido de que funciona, estoy seguro que
en la otra parte hay alguien que escucha y actúa, porque así lo he sentido en
muchas ocasiones, aun cuando los resultados de mi oración no coincidieron con
los resultados reales. Y lo necesito, sobre todo, porque hay alguien que lo
necesita.
Creo
que la oración es fundamental para solucionar problemas, creo que la oración
une y sobre todo creo que la oración ayuda a llevar de mejor forma todo lo que
la vida nos va ofreciendo. Creo que la oración va muy unida a la virtud de la
paciencia, a la espera esperanzada y confiada. Cuentan que entre los indígenas de Chiapas, cuando el maestro,
derrotado por los años, decide retirarse, le entrega al alfarero joven su mejor
vasija, la obra de arte más perfecta. El joven la recibe y no la lleva a casa
para admirarla, ni la pone sobre la mesa en el centro del taller para que en
adelante le sirva de inspiración y presida su trabajo. Tampoco la entrega a un
museo. La estrella contra el piso, la rompe en mil pedazos y los integra a su
arcilla para que el genio del maestro continúe en su obra.
Esta
frase de la M. Cándida y esta historia de Chiapas me recuerda la actual figura
del Papa Benedicto XVI. Es como si esa frase la hubiese dicho en estos días. Es
como si en esta historia fuese él, el protagonista. Gracias por dejarnos una
hermosa vasija, gracias por haber cuidado esta gran vasija. Que tu oración de
estos días sea fructífera para el bien y futuro de la Iglesia.
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