El claustro de profesores del colegio FI de Salamanca quiso "desaprender" durante la celebración de Cuaresma que tuvo lugar en la capilla del colegio el pasado lunes.
El E.A.E. invitó en esta ocasión a reflexionar sobre cómo
vivimos y cómo nos enfrentamos a las excusas que nos
ponemos, a convertir lo imposible en posible. A detenernos, a mirar alrededor, y
también mirar hacia dentro, a preguntarnos por lo que, tal vez, es inercia e
inmediatez; por las personas que forman parte de nuestro horizonte diario; por
las metas que guían la propia vida. Y, con todo eso, pensar si merece la
pena, o si puede ser mejor. Se nos invitó a atrevernos a desaprender a través
de las tres actitudes propias de este tiempo: Ayuno, Oración y Limosna.
Todo
esto, ¿para qué? Para dejar que la Buena Noticia de Jesús de Nazaret se
convierta en lámpara que ilumine los rincones de nuestra casa donde, tal vez,
cabe un poco más de orden, un poco más de limpieza, un poco más de aire fresco; y a ese ordenar lo llamamos conversión. Este recorrido requiere buenas dosis de zozobra, de lucha, de
tentación y de inseguridad. Pero, que no sea fácil, no quiere decir que no
merezca la pena. Convertirse no es transformarse en alguien distinto, es dejar
que salga a la luz la mejor versión de ti mismo. La versión más capaz de amar de verdad y hasta darlo todo.



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