06 noviembre 2012

No sé, será intuición


Por José Fernando, Escolapio

Llego a casa, después de un día interminable, y nada más atravesar la puerta me encuentro con un whatsapp en el que alguien quiere compartir algo. Me pide cinco minutos de mi tiempo. Sencillos, y sin más. De los típicos cinco minutos de los que todos disponemos. Me lanzo a responder, aún sabiendo que en media hora me queda el último encuentro del día.
Así que, prefiero llamar por teléfono, y conversar; siempre más directo y más rápido, pensamos. Y a la primera de cambio me dice que se está cuestionando vocacionalmente. A lo que yo, para mis adentros me pregunto: “¿Cuál es la conversación de cinco minutos? Ninguna. Esto no se trata en cinco minutos. Sin embargo, ha sido providencial la espontaneidad en la respuesta. ¿Intución? En absoluto. Ni lo imaginaba, aunque siempre supuse que este momento llegaría. No hoy, evidentemente.” El tiempo que hemos hablado, exactamente el triple de lo demandado inicialmente; ha dado mucho juego, de todo un poco.
Todo esto se ha despertado por una intución. Ya estaba presente -latente viene de latiendo, es decir, moviéndose y dando vida-, ya estaba en germen. Las preguntas grandes, por otro lado, nunca abandonan. Así que, una vez sobre el tapete del corazón y de la vida, toca jugar la mano hasta el final. Todo se ha despertado gracias a la intuición de otra persona, que le pasó un vídeo por una red social después de una jornada llena de acontecimientos. Cuando esta persona le preguntó que por qué le pasaba este vídeo  no encontró el silencio o la callada por respuesta, sino una admirable contestación: “No sé, fue intuición.” No se conocían demasiado, aunque algo debió notar. Ella, o quien fuera que le movió a semejante atrevimiento.

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