08 noviembre 2012

La transmisión de la fe


Aquí vale, para empezar, aquello de que quien ha recibido un regalo lo va diciendo a los demás, como poco. Si puede, lo enseña. No todo se puede enseñar, también es verdad. Porque hay limitaciones. Si me regalan un coche, no lo voy a meter en mi clase. Tendré que llevar a la gente hasta él. Pero si me han obsequiado con una comida, ¿tendré alguna foto dle momento? La cuestión es que, dentro de la dinámica del regalar y del vivir está también la de extenderse, aunque sea con una sonrisa, con una alegría, con el tono vital más allá de la persona que la recibe.
Respecto de la fe, exactamente igual. El tesoro y regalo de la fe ansía que, quien lo recibe, sea capaz de llevarlo más allá de sí mismo. Con dos ventajas: la primera, que se puede compartir enteramente, de modo que cuanto más se da y más se extiende, se hace más grande y se multiplica en mayor medida; y, por otro lado, que no depende enteramente de quien  comunica, sino de la relación y apertura de la persona a Dios, que es quien entrega verdaderamente la fe. Me imagino entonces que es como dar a conocer a dos amigos, a quien te lo ha regalado todo y a quien te acompaña en tus cosas de la vida, de modo que ambos puedan entablar esa relación hasta el punto de que tu otro amigo también reciba el gran don que tú disfrutas ya. Compartir la fe es “poner en contacto”, crear relaciones, vincular a otros hombres con Dios, acercarlos, aproximarlos, permitir que otros se sientan cómodos con Dios, que entablen diálogo… Algo así es transmitir la fe.

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