22 octubre 2012


Carta nº  160   Diciembre 1898
“… gracias por sus felicitaciones, y sobre todo por lo que piden y pide  a Dios  y a la Purísima e Inmaculada Virgen María”  

            Aunque la M. Cándida la escribió en diciembre, bien podía ser de cualquier mes del año. La Virgen siempre está presente en su vida y hace que esté presente en la vida de los demás. Y esto se cumple ayer y hoy.

            Este mes de octubre es un buen mes para recordar a María, da igual cómo la llamemos: Rosario, Pilar,… Es un buen mes para ponernos, de nuevo en sus manos y pedirle como Madre que nos ayude a descubrir qué pedir y cómo pedir. Pero sobre todo que nos ayude a no olvidar que hay que pedir , que hay que contar con ella para que nuestra vida sea un poco mejor, para que aprendamos que es mejor y más plena una vida donde los otros siempre estén en el punto de referencia de nuestro hacer. Unas veces directamente y otras de reojo, pero siempre dispuestos a acercarnos a las necesidades que el día a día nos va ofreciendo.

            De María, siempre, podemos aprender. Pero sobre todo aprendo su disponibilidad, su segundo plano importante, su disposición a estar cerca. Y su cruz de cercanía y lejanía, de presencia y ausencia, de razón y sinrazón.

            Y con esto me quedo. Con esto lleno mi mochila y me dispongo a caminar. Espero ir descubriendo por el camino lo que María fue expresando con su vida. Me viene a la memoria esas palabras de la M: Cándida al final de sus cartas, esas palabras de cansancio donde decía no puedo más y se despedía. Simplemente, hoy, es todo.


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