Carta nº 160 Diciembre
1898
“… gracias por sus
felicitaciones, y sobre todo por lo que piden y pide a Dios
y a la Purísima e Inmaculada Virgen María”
Aunque la M.
Cándida la escribió en diciembre, bien podía ser de cualquier mes del año. La
Virgen siempre está presente en su vida y hace que esté presente en la vida de
los demás. Y esto se cumple ayer y hoy.
Este
mes de octubre es un buen mes para recordar a María, da igual cómo la llamemos:
Rosario, Pilar,… Es un buen mes para ponernos, de nuevo en sus manos y pedirle
como Madre que nos ayude a descubrir qué pedir y cómo pedir. Pero sobre todo
que nos ayude a no olvidar que hay que pedir , que hay que contar con ella para
que nuestra vida sea un poco mejor, para que aprendamos que es mejor y más
plena una vida donde los otros siempre estén en el punto de referencia de
nuestro hacer. Unas veces directamente y otras de reojo, pero siempre
dispuestos a acercarnos a las necesidades que el día a día nos va ofreciendo.
De
María, siempre, podemos aprender. Pero sobre todo aprendo su disponibilidad, su
segundo plano importante, su disposición a estar cerca. Y su cruz de cercanía y
lejanía, de presencia y ausencia, de razón y sinrazón.
Y
con esto me quedo. Con esto lleno mi mochila y me dispongo a caminar. Espero ir
descubriendo por el camino lo que María fue expresando con su vida. Me viene a
la memoria esas palabras de la M: Cándida al final de sus cartas, esas palabras
de cansancio donde decía no puedo más y se despedía. Simplemente, hoy, es todo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario