06 julio 2012

Pakhshan Zangana, Mujeres tejiendo la PAZ

Colabora con diferentes redes de ONG de mujeres iraquíes en iniciativas de construcción de paz, centradas en facilitar el diálogo con la sociedad civil y promover el concepto de tolerancia. Licenciada en Ciencias Físicas por la Universidad de Bagdad y máster en Ciencias Sociales, lleva desde los quince años dedicada a la política y comprometida con las cuestiones de género.
Paz, desarrollo e igualdad son ideas que tienen para Pakhshan Zangana una conexión especial. “No hay igualdad sin paz y no hay desarrollo sin paz”, explica. Bajo esta premisa lleva cuatro décadas trabajando por la democracia y por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres en Irak. Su trayectoria sigue los vericuetos del convulso país de Oriente Medio, cuya historia contemporánea está llena de borrones y cuentas nuevas: periodos de estabilidad se engarzan con golpes de Estado, dictaduras, tensiones interétnicas y enfrentamientos abiertos.
Nacida en 1947 en el seno de una familia kurda iraquí muy implicada en política, Zangana lleva en la sangre el activismo por la democracia. Desde muy joven decidió implicarse en política. “Mi motivación no se debió a ningún sufrimiento personal. No pretendo ser una heroína. Simplemente, en aquella época, todos en Irak estábamos implicados en política”. En 1963 se produjo un golpe de Estado militar perpetrado por oficiales del Partido Baaz (nacionalista árabe) que asesinaron al general Abdul Karim Qasim (en el poder desde 1958, tras un golpe de Estado que derrocó a la monarquía). “Al día siguiente, el nuevo régimen hizo pública una declaración en la que se abogaba por la aniquilación de los comunistas y los kurdos”, cuenta Zangana. Esa fue la chispa que le hizo reafirmarse en sus convicciones y pasar al compromiso activo.
“La persecución contra comunistas y kurdos me hizo perder la sensación de seguridad y de paz. Sentí un gran desasosiego por los sueños de mi adolescencia y decidí pasar a la acción para corregir esta situación”, explica. Durante sus años de estudiante universitaria y después de graduarse, perteneció a varias organizaciones juveniles. Luego dio el salto a la Liga de las Mujeres Iraquíes, donde marcó sus objetivos: “paz, democracia y justicia”.
Durante la dictadura de Sadam Husein (1979-2003), Zangana fue perseguida por las fuerzas del orden y llegó a perder su trabajo. “Permanecí 10 años con el maquis, aunque no llegué a empuñar un arma. Me dedicaba a labores de comunicación y concienciación en el interior de Irak. Cuando tenía que entrar a alguna ciudad, lo hacía clandestinamente”.
Entre los años 1994 y 1998, durante la guerra abierta entre los dos principales partidos políticos kurdos iraquíes (el Partido Democrático del Kurdistán, de Masud Barzani, y la Unión Patriótica del Kurdistán, de Jalal Talabani), Zangana movilizó a las mujeres para intentar detener las luchas internas. “Nos distribuíamos en grupos por distintos puntos y repartíamos panfletos apoyando la paz, organizábamos marchas pacíficas por las calles y realizábamos visitas a las sedes de las distintas fuerzas políticas para contactar con los líderes y convencerles de la vía de la paz”, explica.

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