Paz, desarrollo e igualdad son ideas que tienen para Pakhshan Zangana
una conexión especial. “No hay igualdad sin paz y no hay desarrollo
sin paz”, explica. Bajo esta premisa lleva cuatro décadas
trabajando por la democracia y por la igualdad de derechos entre
hombres y mujeres en Irak. Su trayectoria sigue los vericuetos del
convulso país de Oriente Medio, cuya historia contemporánea está
llena de borrones y cuentas nuevas: periodos de estabilidad se
engarzan con golpes de Estado, dictaduras, tensiones interétnicas y
enfrentamientos abiertos.
Nacida en 1947 en el seno de una familia kurda iraquí muy implicada
en política, Zangana lleva en la sangre el activismo por la
democracia. Desde muy joven decidió implicarse en política. “Mi
motivación no se debió a ningún sufrimiento personal. No pretendo
ser una heroína. Simplemente, en aquella época, todos en Irak
estábamos implicados en política”. En 1963 se produjo un golpe de
Estado militar perpetrado por oficiales del Partido Baaz
(nacionalista árabe) que asesinaron al general Abdul Karim Qasim (en
el poder desde 1958, tras un golpe de Estado que derrocó a la
monarquía). “Al día siguiente, el nuevo régimen hizo pública una
declaración en la que se abogaba por la aniquilación de los comunistas y los kurdos”, cuenta Zangana. Esa fue la chispa que le hizo reafirmarse en sus convicciones y pasar al compromiso activo.
“La persecución contra comunistas y kurdos me hizo perder la
sensación de seguridad y de paz. Sentí un gran desasosiego por los
sueños de mi adolescencia y decidí pasar a la acción para corregir
esta situación”, explica. Durante sus años de estudiante
universitaria y después de graduarse, perteneció a varias
organizaciones juveniles. Luego dio el salto a la Liga de las
Mujeres Iraquíes, donde marcó sus objetivos: “paz, democracia y
justicia”.
Durante la dictadura de Sadam Husein (1979-2003), Zangana fue
perseguida por las fuerzas del orden y llegó a perder su trabajo. “Permanecí 10 años con el maquis, aunque no llegué a empuñar un arma. Me
dedicaba a labores de comunicación y concienciación en el interior
de Irak. Cuando tenía que entrar a alguna ciudad, lo hacía
clandestinamente”.
Entre los años 1994 y 1998, durante la guerra abierta entre los dos
principales partidos políticos kurdos iraquíes (el Partido
Democrático del Kurdistán, de Masud Barzani, y la Unión Patriótica
del Kurdistán, de Jalal Talabani), Zangana movilizó a las mujeres
para intentar detener las luchas internas. “Nos distribuíamos en
grupos por distintos puntos y repartíamos panfletos apoyando la paz,
organizábamos marchas pacíficas por las calles y realizábamos
visitas a las sedes de las distintas fuerzas políticas para
contactar con los líderes y convencerles de la vía de la paz”, explica.
No hay comentarios:
Publicar un comentario