Los 'checkpoints' volvieron a poblar desde anoche las principales
avenidas y las entradas y salidas de Trípoli. Hoy se celebra una cita
importante y la seguridad se ha extremado ante la amenaza de que la
violencia empañe las primeras elecciones libres de la era post Gadafi.
Decenas de milicianos armados con los viejos AK-47 que hicieron la revolución contra el régimen
volvieron a salir a las calles para velar por el proceso electoral. La
mayoría no eran más que simples chavales ataviados con chanclas y
bermudas. Pero eso es lo que les hacía más peligrosos, eufóricos tras la
final de la Copa Árabe de fútbol entre Libia y Marruecos y
desilusionados por perder en los penaltis.
La violencia contenida se podía mascar. Las últimas
noticias, anoche, hablaban de un helicóptero derribado en Bengasi por
disparos de arma ligera. Uno de sus tripulantes ha resultado muerto. El
aparato transportaba material electoral. En los últimos días se han multiplicado los asaltos a sedes electorales y la quema de papeletas en el este del país, en protesta por lo que consideran un reparto desigual de los escaños de la Asamblea Legislativa.

Elecciones históricas
Los libios acuden hoy a votar en los primeros comicios en 60 años.
Nadie recuerda unas elecciones después de las que tuvieron lugar en
1952, cuando Libia era una monarquía. Hoy está en juego el futuro del país, el perfil de un Estado que aún está por dibujar.
La jornada ha arrancado marcada por los incidentes. Las autoridades
libias han suspendido temporalmente la votación en Ajdabiya, una de las
principales ciudades del este del país, así como en Brega, después de
varias agresiones contra colegios electorales de esas localidades, según
informa Efe.
Grupos de libios defensores del federalismo, que consideran que el
este del país estará infrarrepresentado en la asamblea legislativa que
se elige hoy, y algunos islamistas radicales irrumpieron en varios centros de voto y quemaron o robaron las urnas.
Pese a todo, la población está ilusionada con participar en estos
comicios, aunque la política es algo que aún no comprende bien. "No voy a
votar porque no sé a quién. Demasiados partidos y candidatos que no conozco", comentaba Ahmed Mabruk cuando se le preguntaba por sus preferencias de voto.
Prever cuál es el partido ganador es una difícil misión. "Hablar de
una clasificación es aún imposible. Es muy pronto para definir cuál es
el mapa ideológico de los libios. Estas elecciones podrían dibujarlo. La
gente aún no tiene definida su inclinación política ni tiene idea de
qué significa ser de derecha, de izquierda o de centro. Así que vamos a
escribir el futuro de Libia en el sentido ideológico", considera Musbah
Hangari, candidato independiente.
Están en juego los 200 escaños del Congreso Nacional Popular,
un parlamento que deberá elegir al primer ministro y al gobierno que
sustituirá al denostado Consejo Nacional de Transición (CNT) presidido
por Mustafa Abdel Yalil. La región de Tripolitania se adjudica 120
escaños mientras que la Cirenaica (con capital Bengasi) estará
representada por 60 diputados. Otros tantos irán a parar al Fezzan, la
región del sur.
Más de 3.500 candidatos entre independientes y afiliados a las 142 formaciones
políticas aspiran a un escaño. Muchos de ellos mujeres, aunque no se ha
conseguido establecer listas paritarias ni el umbral de una cuota
femenina del 10% en el Parlamento.
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