Por José Manuel Vidal
Felisa Ezondo es una mujer excepcional, aunque sea también muy humilde y sencilla. Teresiana y profesora de antropología teológica en el Instituto Superior de Pastoral de Madrid (ISPM) y en la Universidad San Dámaso.
Se jubila, pero está jubilosa de jubilarse, y seguirá dedicándose a escribir sus artículos y sus libros. Un faro de ternura y cordura en nuestra Iglesia.
No te prestas demasiado a esto de las entrevistas.
Tu última lectio fue el pasado 24, con mucha laudatio.
Creo que una laudatio excesiva, pero me la explico por el cariño. No quiero quitarle honradez a la capacidad de juicio y buen tino de Juan Martín Velasco, que fue quien me recibió, y en cuyo equipo de profesores he trabajado veinte y tantos años.
¿Más de 20 años en el Instituto Superior de Pastoral?
Sí, y los mismos en el grupo de la tarde de la facultad de San Dámaso, frecuentado sobre todo por laicos, y algún seminarista.
Fuiste una de las primeras mujeres que empezó a estudiar teología en serio en el Angelicum de Roma, y que se preparó para dar clases de teología.
¿O sea que viviste el momento de ilusión post-conciliar y de irrupción de la mujer?
Eras la única mujer, ¿entre cuántos hombres?
En el curso unos 20. En todo el Angelicum, centenares. Además, en aquellos años había comunicación con la Gregoriana, que era vecina. Mis compañeros se quitaban la sotana y hasta el clergyman, y vestían anoraks. Se notaba el clima post-Vaticano II, sobre todo en la renovación de las materias, porque algunos profesores confesaban que estaban aggiornando los apuntes.
¿Un clima en el que, según dicen algunos, nos hemos pasado?
¿Todavía hoy una mujer no puede asistir a las clases de teología de un seminario?
En algún sitio las han restringido. En otros han encontrado la manera de que sea posible. La restricción nunca se ha hecho total, pero sé que en algún caso les ha afectado. Algunas mujeres que han sido admitidas en las facultades, pero que en los seminarios han sido frenadas. Y nunca he entendido por qué.
¿En qué te especializaste al terminar Teología?
¿Hasta hoy?
¡Fíjate los cientos de clases que habré dado!
Sí: Maldonado, Casiano... ellos tenían muy presente que tenían que hacer una pastoral renovadora, que llevase adelante las pautas del Concilio. Yo intenté hacer lo posible por hacer de mi enseñanza una tutoría con mis alumnos, una enseñanza en que se intenta comunicar, con un lenguaje comprensible y actual. He intentado comunicar los grandes temas de la fe y de la antropología cristiana de una manera comprensible para ellos, pero que pasara también por mi comprensión. Porque uno también tiene que hacer una cierta actualización de su comprensión.
¿Rigor y capacidad divulgativa?
Sí, para ayudarles a ellos a usar las palabras menos inadecuadas.
¿Sin vosotros, sin toda la gente de la que estamos hablando, el Concilio no se habría aplicado en España como se aplicó?
Ellos y mucha gente más. Se hicieron proyectos en facultades de Barcelona, en Granada... Vitoria no se puede olvidar tampoco. Los grupos que trabajaron en la Pastoral hicieron un intento de llevar adelante, de renovar y de hacer fecunda la teoría. Y fue un esfuerzo muy notable.
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