Ron Rolheiser. OMI (Trad. Julia Hinojosa)
Todos
tenemos nuestras faltas, debilidades, lugares donde moralmente hacemos
corto-circuito, manchas oscuras, adicciones secretas y no tan secretas.
Si somos honestos, sabemos que lo que las palabras de San Pablo: “lo
bueno que quiero hacer, nunca lo hago; el mal que no quiero hacer, eso
es lo que hago”, son universalmente verdaderas. Nadie es perfecto,
santo de cabo a rabo. Siempre hay algo con lo que estamos batallando:
coraje, amargura, venganza, egoísmo, flojera, ó falta de auto-control
(mayor ó menor) con el sexo, la comida, la bebida, ó el entretenimiento.
Y para la mayoría de nosotros, la experiencia nos ha enseñado lo
difícil que es romper con nuestros malos hábitos. De hecho, muchas veces
ni siquiera encontramos el valor para querer romperlos, así tan
profundo se han arraigado en nosotros. Le contamos las mismas cosas a
nuestro confesor año tras año, al igual que rompemos las promesas del
Año Nuevo, año tras año. Y cada año le decimos a nuestro doctor que
éste año va a ser finalmente el año en que perdamos peso, hagamos más
ejercicio, y hagamos a una dieta mas saludable. De alguna manera, esto
nunca funciona porque nuestros hábitos, como dijo Aristóteles, se
convierten en nuestra segunda naturaleza – y la naturaleza no se cambia
fácilmente.
¿Cómo podemos cambiar? ¿Cómo podemos ir más allá de esos malos hábitos profundamente arraigados?
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