Resulta complejo vivir dos realidades económicas al mismo tiempo. Es
el caso de los trabajadores del Instituto Cervantes que sufren el
adelgazamiento de inversiones del Estado español en países con precios desorbitados y a los que deben hacer frente con salarios que en España se considerarían más que aceptables pero que en su lugar de residencia se encuentran muy por debajo de la media.
El pasado mes de mayo el director de la Institución, Víctor García de
la Concha, denunciaba que los profesores de español que trabajan para
el centro "están malviviendo"
en países como Brasil, Reino Unido o Japón y que sufren "un agravio
comparativo" con otros profesores del Estado español en el extranjero,
como los de las aulas de actividades de lengua y de cultura española
(ALCE), quienes "perciben remuneraciones mucho más altas". ELMUNDO.es ha
recabado el testimonio de varios empleados del Cervantes para conocer
de cerca su realidad.
Desde Brasil, un gigante de precios desorbitados
Para un parado o un trabajador en situación precaria, puede resultar
difícil entender que un colectivo que gana de media 33.000 euros anuales
brutos secunde la huelga de los profesores del Cervantes de sus ocho
centros en Brasil, como sucedió el 3 de noviembre del pasado año.
Resulta mucho más comprensible, sin embargo, si se atiende a los índices de inflación del país latinoamericano, que fue de un 6,5% en 2011.
Con los salarios congelados desde la leve subida del 0,3% en 2009, la
inflación acumulada en los últimos cuatro años es de cerca de un 22%.
La revalorización del real ha sido de un 115% en menos de 10 años y el
precio de la vivienda se ha disparado hasta rondar un 200%, con lo cual
el empobrecimiento del profesorado está afectando a su calidad de vida.
Río de Janeiro, con el sobreprecio de ser ciudad olímpica y toda la
especulación inmobiliaria que eso conlleva, ha pasado de ser la 29ª ciudad más cara del mundo a la duodécima, mientas que São Paulo ha subido del puesto 21 al 10.
Todos
esos datos los maneja a la perfección Joan Maresma, representante
sindical del instituto Cervantes en Río, que asegura que se va a ver
forzado a abandonar su piso de alquiler porque le están subiendo el
precio de manera inalcanzable. Una realidad que ya vivió otra profesora
que pasó de un piso de tres habitaciones a uno de dos con su marido y su
hija y que sufre también otra maestra de Brasilia que tiene que
compartir piso, como denunció en su día el director general, García de
la Concha.
El pasado 25 de abril, Rafael Rodríguez-Ponga juró su cargo como
nuevo secretario general del Cervantes. Joan ya tiene todos los informes
y datos preparados para hacérselos llegar con tal de reflejar el empobrecimiento de su colectivo.
"Le mandaremos las quejas porque tenemos que pedir y reivindicar, pero
esperanzas de que se atiendan nuestras demandas creo que no tenemos
ninguna con todos estos recortes", lamenta resignado Joan, condenado a
la paradoja de sufrir la crisis española pese a vivir en un país de
economía floreciente como la brasileña, de cuyo crecimiento sólo ve el
aumento de los precios. "Mientras España se hunde, los precios que hay
que pagar por todo en Río son de locos"
Desde el Reino Unido, ayudas sociales para sobrevivir
Los trabajadores del Instituto Cervantes se sienten de cierto modo atrapados en Londres. No es que no tengan trabajo, o que les obliguen a estar aquí, sino que simplemente con su sueldo apenas sobreviven en la capital británica. Y lo peor de todo es que ya no pueden regresar a España y recuperar los trabajos que tenían allí antes de aceptar el reto del Cervantes. Quemaron todos los barcos para venir a Londres. Algunos de ellos han tenido que solicitar ayudas sociales y el gobierno británico se las ha concedido. Han hecho ya tres huelgas para dar a conocer su situación.Sigue leyendo en EL MUNDO

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