Traigo hoy al blog una palabra rara.
Para nosotros al menos, porque es griega. Los griegos están de moda por
muchos motivos, demasiado vulgares. Pero quiero recordar que se
hicieron históricamente famosos por otras cuestiones. Hubo un tiempo en
el que todos los sabios del Mediterráneo hubieran deseado vivir en
Atenas, pasear en compañía de Sócrates, asistir al teatro en su
esplendor clásico, o escuchar las lecciones magistrales del viejo
Aristóteles. Todos menos los judíos, cuyo corazón estaba puesto en
Jerusalén, y los de la península Ibérica, que con sol y playa nos hemos
conformado siempre.
Esta palabra nos introduce en un debate
fundamentalmente práctico. Para los que no son amantes de la filosofía,
se lo presento brevemente: “Juan (o
María, da igual) es libre, y puede elegir entre algo excelente y algo
mediocre. Juan sabe qué es lo excelente, y qué no lo es. Y Juan,
finalmente, elige pasar de lo excelente y quedarse con lo mediocre.”
Un buen español, sin muchos recursos filosóficos, concluye que “Juan (o
María, da igual también) es idiota.” Y efectivamente, sin saber de
filosofía, dio en el clavo. Esta cuestión teórica tiene muchas
implicaciones prácticas. Pero antes de pensar en tu vecino, piensa en ti
mismo, dedícate un tiempo de reposo y, como soberano de tu propia vida,
pregúntate: ¿Qué me está pasando?
No creas que se trata de algo ridículo. La pregunta se las trae. ¿Por qué no elegimos lo mejor habitualmente y nos quedamos torpemente en lo que sabemos que no merece la pena?
Insisto, porque siempre hago esta anotación cuando trato de aclararla
en profundidad, que el asunto reviste especial importancia cuando la
opción y elección no se establece entre lo bueno y lo malo, sino entre
dos cosas buenas, una de las cuales sin embargo es mejor. Hay quienes
han pensado desde el optismo y desde el pesimismo más radicales, hasta
el punto de afirmar que es imposible que alguien pueda no elegir lo
mejor en su opinión, o que, por el contrario, el hombre necesita para
alcanzar el bien un tutelaje a perpetuidad ya que dejado a sí mismo
siempre se equivoca inclinado hacia el mal.
La importancia de la vida teórica,
de la contemplación de las ideas, del pensamiento y del examen
personal. Descuidando nuestro criterio y forma de pensar podemos elegir
lo malo en lugar de lo bueno, o desechar lo bueno por excesivamente
bueno para nosotros. Detrás de este dilema ético hay una petición
suplicante dirigida hacia la humanidad, mejor dicho, a cada hombre: ten
cuidado de lo que piensas, de cómo valoras, de qué ideas te nutren.
¡Vigílalas! ¡Examínalas! ¡Sé firme y recto en ellas buscando siempre la
verdad!
Por mi parte, me quedo en apuntar dos
cuestiones relevantes para el mundo actual. Al menos son importantes a
mi juicio. Y vienen de la mano de los grandes griegos, esos que no
salían en televisión pegando bofetadas a mujeres o que eran capaces de
enfrentarse a un ejército invasor con trescientos hombres disciplinados
como un solo cuerpo.

1 comentario:
Muchas gracias.
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