11 junio 2012

AKRASIA

Por JOSÉ FERNANDO, Escolapio

Traigo hoy al blog una palabra rara. Para nosotros al menos, porque es griega. Los griegos están de moda por muchos motivos, demasiado vulgares. Pero quiero recordar que se hicieron históricamente famosos por otras cuestiones. Hubo un tiempo en el que todos los sabios del Mediterráneo hubieran deseado vivir en Atenas, pasear en compañía de Sócrates, asistir al teatro en su esplendor clásico, o escuchar las lecciones magistrales del viejo Aristóteles. Todos menos los judíos, cuyo corazón estaba puesto en Jerusalén, y los de la península Ibérica, que con sol y playa nos hemos conformado siempre.
Esta palabra nos introduce en un debate fundamentalmente práctico. Para los que no son amantes de la filosofía, se lo presento brevemente: “Juan (o María, da igual) es libre, y puede elegir entre algo excelente y algo mediocre. Juan sabe qué es lo excelente, y qué no lo es. Y Juan, finalmente, elige pasar de lo excelente y quedarse con lo mediocre.” Un buen español, sin muchos recursos filosóficos, concluye que “Juan (o María, da igual también) es idiota.” Y efectivamente, sin saber de filosofía, dio en el clavo. Esta cuestión teórica tiene muchas implicaciones prácticas. Pero antes de pensar en tu vecino, piensa en ti mismo, dedícate un tiempo de reposo y, como soberano de tu propia vida, pregúntate: ¿Qué me está pasando?
No creas que se trata de algo ridículo. La pregunta se las trae. ¿Por qué no elegimos lo mejor habitualmente y nos quedamos torpemente en lo que sabemos que no merece la pena? Insisto, porque siempre hago esta anotación cuando trato de aclararla en profundidad, que el asunto reviste especial importancia cuando la opción y elección no se establece entre lo bueno y lo malo, sino entre dos cosas buenas, una de las cuales sin embargo es mejor. Hay quienes han pensado desde el optismo y desde el pesimismo más radicales, hasta el punto de afirmar que es imposible que alguien pueda no elegir lo mejor en su opinión, o que, por el contrario, el hombre necesita para alcanzar el bien un tutelaje a perpetuidad ya que dejado a sí mismo siempre se equivoca inclinado hacia el mal.

Por mi parte, me quedo en apuntar dos cuestiones relevantes para el mundo actual. Al menos son importantes a mi juicio. Y vienen de la mano de los grandes griegos, esos que no salían en televisión pegando bofetadas a mujeres o que eran capaces de enfrentarse a un ejército invasor con trescientos hombres disciplinados como un solo cuerpo.

La importancia de la vida teórica, de la contemplación de las ideas, del pensamiento y del examen personal. Descuidando nuestro criterio y forma de pensar podemos elegir lo malo en lugar de lo bueno, o desechar lo bueno por excesivamente bueno para nosotros. Detrás de este dilema ético hay una petición suplicante dirigida hacia la humanidad, mejor dicho, a cada hombre: ten cuidado de lo que piensas, de cómo valoras, de qué ideas te nutren. ¡Vigílalas! ¡Examínalas! ¡Sé firme y recto en ellas buscando siempre la verdad!