14 mayo 2012

PERLA ESCONDIDA EN LA CARTA Nº 146


Carta nº  146  Mayo 1898
“… se está intranquila hasta que pasa todo, y después viene la calma y la paz, y ésta hay que tenerla siempre, y entonces Dios ayuda.  ”  

            Es curioso cómo estas pequeñas perlas me van tocando y van viniendo en estos momentos precisos de mi vida. La verdad es que se está intranquilo hasta que todo pasa, hasta que las cosas se van arreglando. Y voy aprendiendo y descubriendo que la intranquilidad y la confianza pueden llegar a llevarse muy bien. Pueden vivir muy juntas en una misma situación. Pueden ir de la mano.

            Se está intranquilo hasta que pasa todo, aunque a veces parezca que todo se acaba, que no hay luz detrás de los árboles, que el camino tiene fin. Pues no. Siempre hay algo más, siempre hay una luz, siempre hay un camino no visto. Cada día vuelve a salir el sol. Y cuando esto ocurre “viene la calma y la paz”. Hace poco me comentaba un joven que sentía cómo se había quitado como una losa de los hombros cuando aprobó un examen importante, y me lo comentaba con la expresión de que le habían subido los hombros, físicamente le habían subido los hombros. Y entonces vino la calma y la paz.

            Y sigues diciendo, M. Cándida, que siempre hay que tenerla, que siempre hay que tener esa paz necesaria para poder respirar. Pero tu bien sabes que no es nada fácil, que cuesta mucho, que el día a día no nos ayuda a tenerla. Pero te haré caso y seguiré intentando tenerla.

            Estoy de acuerdo con el final: “y entonces Dios ayuda”. Pero no estoy de acuerdo del todo. Aquí es donde me hubiese gustado charlar contigo con un buen café, en una buena sombra. No estoy de acuerdo porque también Dios ayuda cuando el mar está movido, cuando las olas nos agitan y nos despistan, cuando la calma no se ve por ningún sitio. Porque, como tú muy bien decías, Dios siempre ayuda, siempre está ahí como un buen Padre que de todos cuida.

            Hoy, cuando llevamos la mitad del mes de mayo quiero hacer una mención a María, nuestra Madre. Hace unos días teníamos que hablar de María a unos padres y nos vino muy bien desgranar las cuatro partes que componen esta oración, y descubrir sus orígenes. Pero sobre todo me quedo con la experiencia vital de María en nuestro recorrido, en nuestro camino. Descubrí que siempre esta ahí, con más coronas o menos, con más ropa o menos, más morena o más blanca, da igual. Es parte de nuestra vida. Por eso hablemos de ella a nuestros alumnos, hagamos gestos que recuerden cuando sean mayores,…

            

1 comentario:

Anónimo dijo...

Comparto totalmente la idea de que intranquilidad y confianza pueden ir de la mano. Solo me gustaría añadir una cosa a esta preciosa perla, y es la importancia de la familia como pilar consolidado que te ayuda a luchar en los momentos de intranquilidad, y conseguir así esa calma y paz de la que se habla....¡gracias por estar siempre ahí!