12 mayo 2012

Desde la residencia del PILAR, en Madrid



El pasado domingo la Residencia del Pilar, en Madrid, celebró la fiesta de clausura de curso. Un día muy especial para todas las residentes. Reproducimos la acción de gracias de una de las jóvenes:

Hoy, 5 de mayo de 2012, en esta fiesta es dar las gracias, a las hermanas, a la Asociación, a mi familia, por vuestro apoyo y confianza, vigilando mis pasos de lejos y dirigiéndome hasta aquí.
 
 

Mucha gente se me viene a la cabeza entre tanta emoción y melancolía, pero, en realidad, al miraros a la cara sólo pienso en vosotras y en que todavía me cuesta creer que me tengo que despedir de mis 50 compañeras, que esto se acaba para mí, chicas. Dicen que la vida consiste en días y que los cambios son buenos, y creo que todas me entenderéis cuando diga que esta teoría quedó demostrada el día que entré en esta residencia.

 
 

3 años más tarde, seguimos siendo 50, las hermanas siguen con nosotras, incluso nuestra querida Manuela, que seguro que hoy se acuerda especialmente de nosotras, y a simple vista nadie adivinaría lo que hemos cambiado, pero esta residencia y todo lo que hay en ella marca, deja una huella imborrable que también es de agradecer.
Es triste pensar en la enormidad de lo que dejo atrás, una 2ª familia que me ha acompañado de todas las maneras posibles y que sé que lo va a seguir haciendo, pues aunque tenga 20 años y se me suponga una cierta madurez, no me imagino un octubre sin reencuentros, una navidad sin amigos invisibles, Padre Abel, la charla de Julia Navarro, o momentos como éste sin vosotras, aún estando lejos, sin veros todos los días, vecinas de arriba, de los lados, de la 1 a la 33. Lamento no poder mencionaros una por una y en algunos casos, no haberos conocido mejor, pero a pesar de ello os deseo la felicidad a cada una de todo corazón.


A estas alturas creo que está claro que esto no es sólo un edificio bonito en una bonita calle de Madrid, sino algo más grande, mérito de la Asociación Pro-Huérfanos de la Guardia Civil, que año tras año se esfuerza en darnos de lo bueno, lo mejor.
Y dentro de lo mejor sin duda están las hermanas, presencias a veces invisibles que velan incansablemente por estas cabezas locas, cuando estudian más y también cuando estudian, la vida universitaria es lo que tiene. Por ellas aspiramos a lo posible y a lo imposible para que finalmente nos despidan con orgullo. Gracias Carmen, Rosario, Pilar, Manuela, me marcho a cumplir mis sueños, pero no os preocupéis, que os llevo conmigo en cada paso del camino.
 
 
Podría seguir hablando durante horas, podría rememorar cada día que he pasado aquí, recordar a las chicas que pasaron por aquí y pude conocer y predecir cómo van a ser las cosas por esta residencia cuando me haya ido, pero prefiero quedarme en el momento presente y realizar un último agradecimiento.
Cualquiera que me conozca, en realidad cualquiera, sabe que no trabajo sola, que mi cuartel está en el número 9 o las 2 Marías se quedan en la mitad, a ella también la dejo aquí, y lo único que le quiero decir es un enorme GRACIAS a María, compañera de habitación, amiga, mucho más.
Ahora sí, me despido de verdad de la residencia, de verdad y diría mil veces lo que voy a extrañar este lugar, en realidad este país, pero como se suele decir, la patria es un invento, tu país son tus amigos, y eso sí se extraña.
Hasta siempre. 
 María Fernández Gallo

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