A estas horas el dato ha sido difundido por todos los medios de comunicación: la pobreza, en España, tiene rostro de niño. Exactamente, el rostro de cada uno de los 2.200.000 niños y niñas que viven por debajo del umbral de la pobreza.
Pero, ¿qué significa exactamente ese tecnicismo? Para alguien que
trabaja en una organización que es generalmente reconocida por hablar de
la desnutrición infantil
en el Sahel o el Cuerno de Africa, no siempre resulta fácil explicar
qué significa ser un niño pobre en España. Ni por qué le prestamos
atención. Vamos a hacer un intento.
Tradicionalmente, la pobreza se mide en los países pobres en términos
absolutos: personas que viven con menos de 1 dólar al día. Pero en los
países ricos, la medida es la desigualdad: cuántas personas viven
considerablemente por debajo de unos ingresos considerados estándar en
función de la “normalidad” de ese país. Y esa tal vez sea la idea de
fondo, la ausencia de “normalidad”. Los niños de los que estamos
hablando viven en familias con serias dificultades para llegar a fin de
mes. Y para pagar el comedor escolar, los libros de texto, las
actividades extraescolares, la factura del dentista, las gafas para
poder seguir la clase o un gasto imprevisto como una avería en la
calefacción. En los casos más extremos, son niños afectados por las
ejecuciones hipotecarias o que acuden por primera vez a comedores
sociales.
Por Marta Arias

No hay comentarios:
Publicar un comentario