Jóvenes con años de formación a sus espaldas y títulos que acreditan
sus capacidades llenan estos días las colas del paro. Se trata de chicos
y chicas que empezaron sus estudios en tiempos en los que la palabra
máster era sinónimo de trabajo seguro y que, ante un panorama laboral
que no deja de cerrarles puertas, se ven obligados a rebajar sus
expectativas continuamente. En este contexto, son muchos los que se
inclinan por vías poco convencionales para entrar en contacto con la
realidad profesional para la que se han preparado, una de esas vías es
el voluntariado.
El caso de Sara Gómez es paradigmático, diplomada en Magisterio y
licenciada en Pedagogía, cuenta además con un máster que de poco le ha
servido a la hora de encontrar trabajo. Después de la congelación de las
oposiciones que llevaba meses preparando se decidió por colaborar como
voluntaria con diferentes entidades. “Yo me he pagado mis estudios
trabajando, podría haber vuelto al centro comercial en el que estuve
pero no es lo que quiero hacer, sería como haber estudiado para nada”,
afirma convencida.

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