Navegar a contracorriente nunca fue fácil. Y menos dentro de la Iglesia
católica. Lo sabe muy bien Saúl Pérez, presidente de la Juventud Obrera
Cristiana (JOC), perteneciente a la institución eclesiástica que tiene
como principal finalidad la defensa de los derechos de los jóvenes
trabajadores. A principios de marzo, el cardenal Antonio María Rouco
Varela ordenó a sus vicarios de Madrid que no difundiesen en las
parroquias el comunicado emitido por la JOC y la Hermandad Obrera de
Acción Católica (HOAC) en el que rechazan abiertamente la reforma
laboral aprobada por el Gobierno del PP. "Nos sorprendió bastante porque
emitimos comunicados a menudo y nunca nadie nos ha llamado la atención.
Aceptamos la opinión de Rouco, aunque no la compartamos", explica
Pérez, de 27 años, mientras digiere pausadamente una ensalada mixta en
un pintoresco bar del barrio obrero de Vallecas, en Madrid.
Por María Hervás
Foto de Samuel Sánchez

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