10 abril 2012

Cuando Hacienda son más unos que otros

Acuciado por la necesidad de hacer caja, el Gobierno ha decidido abrir las puertas de casa al hijo pródigo, el que un día decidió llevarse el dinero fuera de España o esconderlo bajo un colchón sin pasar por el fisco. El perdón del Estado ha soliviantado al otro hermano, al ciudadano que ha pagado sus impuestos sin rechistar. La amnistía fiscal aprobada por el Gobierno no es la primera que se aplica en España, ni tampoco en el mundo. Decenas de países —desde Alemania hasta Argentina— han echado mano de esa iniciativa para aflorar capitales opacos. Sin embargo, de la fórmula que se emplee depende la efectividad y la equidad de la medida. Y estas no siempre van de la mano.
La amnistía fiscal, publicada en el Boletín Oficial del Estado, permite a los evasores regularizar con total confidencialidad su situación a cambio de abonar al Gobierno el 10% de las cantidades defraudadas, a la vez que las empresas podrán repatriar vía dividendos los fondos que tengan en paraísos fiscales con un gravamen del 8%. La norma, que trata de aflorar 25.000 millones de euros y que las empresas repatríen otros 9.375 millones para recaudar 3.250 millones, libra de penas de cárcel por delito tributario a quien admita haber defraudado.
Por Lluís Pellicer
Foto de  Carlos Hernández

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