29 marzo 2012

¿HUELGA? PREGUNTE a su FILÓSOFO

Los años de la facultad. Una jornada de paro convocada por alguna reforma de ley, por algún recorte presupuestario hoy olvidado. Una manifestación dirigida hacia el Rectorado, la Delegación de Gobierno la Consejería o el Ministerio de Educación. Las carteles, los megáfonos, las consignas. Aquella chica tan guapa/aquel chico tan guapo con mirada soñadora que marchaba a unos metros. Los tipos de la CNT, desafiantes, a la cola de la manifestación. La llegada a la sede del poder. ¡Todos sentados! Una botella de cerveza que vuela y estalla en el suelo...
Para algunos, aquel fue uno de los grandes momentos de esa época: emocionante, energético y necesario. Para otros, fue una experiencia horrorosa, un 'descubrirse rebaño' por primera vez en la vida. Desde entonces, cada convocatoria a una manifestación, cada recogida de firmas, cada acto de protesta colectiva es un dilema entre la causa, percibida como más o menos noble, y la incomodidad que se siente en la categoría de 'abajofirmante'.
Por Luis Alemany

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