Carta nº 134 Noviembre 1897
“Mire que es Dios,
que quiere que suframos los trabajos con paciencia y alegría”
Cerca del inicio
de la Cuaresma (recuerdo que el miércoles 22 es miércoles de ceniza), aparece
la carta 134 y en ella una perlica que nos habla del auténtico sentido de estas
fechas que iniciamos.
Primero
que es Dios, descubrir que es Dios, reconocer que detrás de todo está Dios, y
que ese Dios nunca quiere nuestro sufrimiento por el hecho mismo de sufrir. No
es un Dios que se alegra cuando ve a sus hijos sufrir, o pensar que la Iglesia
establece tiempos para sufrir. Pensar esto es reconocer que no he entendido
nada del tiempo que se acerca. Dios, simplemente, está ahí, compartiendo nuestro
tiempo y nuestra vida, siendo apoyo cuando estamos regular y siendo compañero
de compartir alegrías.
Y
aunque pueda parecer lo contrario de lo que estoy diciendo al seguir leyendo la
perla, creo que tiene otra lectura más sencilla: los sufrimientos llegan sí o
sí, por lo tanto hay que descubrir cómo llevarlos, cómo entenderlos, cómo
afrontar esa enfermedad que no entiendo. Muy bien, muy bien, pero ¿cómo sufrir
esos trabajos, cómo llevar esos sufrimientos, cómo llevo ese día a día?
Y
la respuesta no tarda en aparecer: paciencia y alegría. La verdad es que son
buenas recetas. En varias cartas han salido estas dos palabras, y las hemos
comentado. Creo que eran claves para la vida de la M. Cándida y para
compartirlas con sus hermanas. Todavía más, me aventuro a decir que así las
ponía en la práctica ella misma y esto era lo que le daba fuerza y autoridad
para cuando se lo decía a cualquier hermana que le preguntaba al respecto.
Este
puede ser un buen propósito para esta Cuaresma que, de nuevo, nos abre sus
puertas: llevar los trabajos, los sufrimientos, con paciencia y alegría.
Creo
que la alegría no es contraria al sufrimiento, cada vez conozco a más gente que
es capaz de hablar de esto con una simple sonrisa e incluso con una carcajada.
Y cuando esto ocurre es cuando descubro que las palabras de la M. Cándida adquieren
su autentico sentido. Y ante esto sólo se me ocurre aprender, rezar y caminar.
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