“Se les ve angustiados, preocupados, desamparados y con miedo, y con una intensidad creciente según se alarga el internamiento”
Esta es la realidad que viven tantas personas inmigradas que,
encontrándose en situación irregular, han sido detenidas e ingresadas en
un Centro de Internamiento para Extranjeros (CIE). Con una orden de
expulsión y privadas de libertad por un período máximo de 60 días, viven
con tensa espera la decisión de ser expulsadas del país. En España hay
nueve centros de internamiento, uno de ellos en Barcelona, en la Zona
Franca.
En muchos casos, la personas inmigradas que son detenidas e
ingresadas en estos centros, tienen familia y un trabajo en nuestro
país. Un buen día han sido detenidas en la calle o en la estación de
autobuses e ingresadas en un CIE. No han cometido ningún delito, sólo
una falta administrativa, encontrarse en nuestro país de forma
irregular. Esta ruptura drástica con su vida anterior y la amenaza
inminente de su expulsión, provocan un gran sufrimiento y soledad. En
caso de que tengan familia, ésta se ve obligada, de la noche a la
mañana, en reconfigurar ante la expulsión de uno de sus miembros.
Por Quim Pons
Foto de Juan Carlos Cárdenas

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