El albergue San Francisco abrió sus puertas en 1971 para ofrecer
ayuda a personas que no tenían medios y que estaban de paso por la
ciudad. Así funcionó hasta 2009 en el que la realidad social provocó que
los franciscanos que lo dirigen le diesen un nuevo giro, creando un
espacio de acogida diurna para aquellos que lo necesitasen. Desde
entonces, el número de usuarios no ha dejado de aumentar, especialmente
en los últimos tiempos debido a la crisis.
El rector del convento,
Francisco Castro Miramontes, explica que en 2011 han pernoctado en el
albergue 728 personas y se ha atendido a más de mil.
El incremento
de la demanda no es, sin embargo, la única consecuencia de la crisis,
también ha cambiado el perfil del usuario. "Es especialmente preocupante
el aumento del número de jóvenes, normalmente chicos que se habían
emancipado gracias al trabajo, pero que se han quedado en paro", explica
Castro, "con todo el riesgo que supone entrar en el círculo de la calle
por degradación".

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