
Carta nº 120 Junio 1897
“Pidan por ella para que se ponga bien, si es la voluntad de Dios”
¿Por qué confiaba tanto la M. Cándida en el valor de la oración? ¿Por qué la utiliza siempre, siempre? Daba igual la razón: salud, dinero, agobios, alegrías,…
¿Por qué esa oración siempre está en las manos de Dios, en su voluntad? Siempre condiciona a lo que Dios quiera y como consecuencia de esa condición siempre está la aceptación aunque el resultado no coincidiese con lo que ella esperaba.
Hoy pido por dos amigas, bueno algo más que amigas, por su valentía y su fe, pido para que se pongan bien, pido para que sea la voluntad de Dios (y al escribir esto me ha dado un escalofrío, porque en realidad lo que pido es que se curen y estén mucho tiempo con nosotros). Necesito darle vueltas a esto. Dejo de escribir ahora. Ya volveré.
Vuelvo después de unos días y vuelvo después de reflexionar en grupo sobre la parábola de los talentos. Y descubro en ella la voluntad de Dios. Descubro que los talentos son esa capacidad de amar y de hacer el bien. Y comprendo, dentro de lo que se pueden comprender estos asuntos, que uno se marcha al encuentro con Dios cuando sus talentos se han doblado. En ese momento es cuando Dios abre los brazos y te acoge. Y ese momento sólo es de Dios. Por lo tanto … a trabajar para poner en marcha lo que somos y tenemos, para que el servicio a los demás sea una realidad en nuestra vida y así estemos preparados para cuando la misericordia de Dios nos guiñe el ojo.
Y mientras tanto, pedir por los demás, dar gracias por todo lo recibido, pedir y pedir, y aceptar que, lo que viene es porque Dios así lo quiere, pues ese Dios que cuida las aves ¿no nos va a cuidar a nosotros? Pues va a ser que siiiii.
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