L o que menos se puede perdonar a los partidos, a sus líderes y candidatos es que oculten la realidad del país. No se lo perdono, de forma especial, a las dos grandes fuerzas políticas que tienen la posibilidad de gobernar. Ni Rubalcaba, que presume de afán didáctico, ni Rajoy, que tendrá que decirnos la verdad antes de dos meses, han tenido la gentileza de explicar dónde estamos, qué horizonte nos espera o qué nos exigirán después de haberles votado. Rubalcaba no se confiesa por una precaución comprensible: teme que le echen la culpa de la situación. Rajoy, por una razón táctica: si confiesa lo que sabe, tendrá que explicar cómo lo piensa arreglar, y su estrategia consiste en decir que espera a ver las cuentas para decidir las soluciones. En la gravedad de esas cuentas basará la justificación de unas medidas que no puede anunciar.
Y así, entre precauciones y tácticas, la campaña se difumina en la nadería y cede su espacio a voces ajenas: el informe del BBVA y las previsiones de la Comisión Europea, que advierte que en España no se creará empleo antes del 2013, alerta de que padeceremos otra recesión y no cumpliremos con el déficit público. ¿Algún lector percibió algo de eso en los discursos de campaña? No, por Dios; todo lo contrario. El PSOE es algo más cauto, pero el PP hace anuncios que aventuran felicidad, habrá empleo de sobra y no veremos a ninguna mujer llorando porque la acaban de despedir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario