Esta es la palabra que más expresa lo que he vivido este verano. En agosto me embarqué junto con otras Hijas de Jesús y laicos en la experiencia del MAGIS y de la JMJ: ¡Qué contaros! Las palabras se quedan cortas y no llegan a expresar todo lo que la experiencia ha supuesto para mí. Ha sido un encuentro con Dios, conmigo misma, con los demás… Todo encuentro supone un dar y un recibir, pero creo y así lo vivo, que en todos estos días vividos y compartidos he recibido mucho más de lo que he dado.
Yo estuve en la experiencia de peregrinación de Zamora a Salamanca. En ella formé parte del equipo junto a Inma Eceizabarrena FI, Pilar Brufal FI, Magda FI y Rachans SJ. He vivido formando parte de un equipo donde ha reinado el respeto, la confianza, la acogida… He experimentado que cada uno hemos dado lo mejor de nosotros, pensando siempre en el bien de cada uno de los que participaban, intentando ser ayuda y no dificultad para encontrarse con ellos mismos y con Dios. En el grupo había personas de las Islas Mauricias (África), de Estados Unidos y de Eslovenia. Nosotras (FI) de España y China y el jesuita de la India. Como os podéis imaginar gran variedad cultural. Todos sabían a lo que venían y eso ha potenciado que el grupo haya hecho “camino”, ¡nunca mejor dicho! Como en toda peregrinación hemos tenido nuestras dificultades: ampollas, heridas, varias veces nos perdimos en el camino, calor, pocas horas de sueño, las condiciones para dormir y ducharnos no eran las mejores… pero todo esto hizo que el grupo creciera. Sí, que creciéramos y nos uniéramos como grupo. Me ha tocado mucho la fe de esta gente joven, su deseo de crecer como cristianos y de poner los medios para ello. Muchos de estos jóvenes han decidido “emplear” sus vacaciones de verano para venir a España a tener esta experiencia. Creo que esto lo dice todo. La experiencia MAGIS para mí también ha supuesto un encuentro con el grupo que venía de las Hijas de Jesús, tanto hermanas como laicos. Desde el principio se creó entre todos nosotros un vínculo especial. Era curioso, que tanto en Loyola como en Madrid, nos buscábamos y creo que es porque desde el principio hemos compartido desde lo profundo. Recuerdo en Loyola la última noche, cuando ya nos habían enviado a las distintas experiencias, tuvimos un pequeño rato de oración donde alguien comentó que sentía al grupo como su comunidad de referencia entre tanto mogollón de gente. ¡Qué bonito!


No hay comentarios:
Publicar un comentario