REAPRENDER:
El aprender a reaprender tiene su soporte en la capacidad de asombrarse, de emocionarse ante la novedad y de valorar el nuevo aprendizaje como necesario para saber dar respuestas en el contexto en que se desenvuelve la persona. Implica percibir la necesidad de apropiarse de nuevos aprendizajes, poniendo en juego la motivación y las expectativas del sujeto, el uso de estrategias de evaluación de acuerdo a referentes personales y sociales, la capacidad para articularlo con los existentes y eliminar los obsoletos.
Reaprender, es una palabra que me sirve para nombrar este nuevo tiempo litúrgico. Seguramente aun arde en el interior de nuestra alma el rescoldo de todo lo vivido con tanta intensidad en el tiempo de Adviento y Navidad. Ha sido la “urdimbre” que ha movilizado nuestro ser + vivir en lo ordinario de cada día.
Una vez que comprendemos el impacto del nacimiento de Jesús en nuestra vida, caemos en la cuenta de los esfuerzos que se exigen de nosotros en nuestra vida ordinaria. Entonces estamos preparados para comenzar las disciplinas espirituales destinadas a fortalecernos para las pasiones, muertes y resurrecciones de nuestra propia vida. Entonces estamos preparados para abordar el segundo gran polo del año litúrgico: la Cuaresma y la Pascua.
El aprender a reaprender tiene su soporte en la capacidad de asombrarse, de emocionarse ante la novedad y de valorar el nuevo aprendizaje como necesario para saber dar respuestas en el contexto en que se desenvuelve la persona. Implica percibir la necesidad de apropiarse de nuevos aprendizajes, poniendo en juego la motivación y las expectativas del sujeto, el uso de estrategias de evaluación de acuerdo a referentes personales y sociales, la capacidad para articularlo con los existentes y eliminar los obsoletos.
Reaprender, es una palabra que me sirve para nombrar este nuevo tiempo litúrgico. Seguramente aun arde en el interior de nuestra alma el rescoldo de todo lo vivido con tanta intensidad en el tiempo de Adviento y Navidad. Ha sido la “urdimbre” que ha movilizado nuestro ser + vivir en lo ordinario de cada día.
Una vez que comprendemos el impacto del nacimiento de Jesús en nuestra vida, caemos en la cuenta de los esfuerzos que se exigen de nosotros en nuestra vida ordinaria. Entonces estamos preparados para comenzar las disciplinas espirituales destinadas a fortalecernos para las pasiones, muertes y resurrecciones de nuestra propia vida. Entonces estamos preparados para abordar el segundo gran polo del año litúrgico: la Cuaresma y la Pascua.

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