18 octubre 2010

PALABRAS de María Inez Furtado FI en la EUCARISTÍA de ACCIÓN de GRACIAS

Amigos y amigas, muy queridos miembros de esta gran familia de la Madre Cándida:
En nombre de todas las Hijas de Jesús, quiero daros las gracias de corazón…
El haber podido compartir con vosotros esta peregrinación y, ahora mismo, esta Eucaristía en agradecimiento por la Canonización de nuestra tan querida Madre Cándida es una gracia más que hemos podido experimentar en estos días.
“Seamos muy otras (y muy otros) en el resto de nuestras vidas…"
Con esta frase la Madre Cándida María de Jesús solía animar a las Hijas de Jesús a no dejar pasar una experiencia de Dios sin que la hiciéramos operativa en el día a día…
Esta misma frase deseo repetirnos hoy: ¡Que, después de haber pasado estos días aquí, seamos ‘MUY OTRAS... Y MUY OTROS…’ en el resto de vuestras vidas!
Nos hemos reunido para hacer memoria de la vida sencilla de una mujer que, siendo de la misma madera que nosotros, ha logrado que, los que conocemos su vida, podamos alabar la maravilla que es la obra de Dios en sus hijos e hijas. Aquí hemos venido para reconocer a Dios en esta vida entregada y para expresar juntos nuestra gratitud al Él.
Antes de ayer en la Oración preparatoria os hablé de la sencillez evangélica de la Madre Fundadora y del lenguaje que nació de esta postura suya. Y os invitaba a vivir estos días relacionándonos a través del lenguaje de los sencillos.
Hoy me brota de dentro invitaros a no olvidar lo que aquí hemos experimentado. Lo que hemos visto, tocado y conocido es para que lo vivamos y anunciemos…
Volvamos a nuestras casas respirando ESPERANZA. Esa esperanza que tanto acompañó a la Madre y que la hizo audaz sin perder la conciencia de su pobreza. No sólo tengamos esperanza, sino que actuemos con esperanza… y seamos un estímulo para quienes la han perdido…
Pero, ¿Cuál es el contenido de nuestra esperanza?
Nuestra esperanza está en que se cumpla aquello que el mismo Señor nos ha enseñado a pedir y que la Madre Cándida repetía casi como una obsesión: ¡HÁGASE TU VOLUNTAD, Padre! Que se cumpla tu deseo, en todo, por todo y para todos…
Nuestra esperanza es que se haga aquello que es bueno para todos, que lo bueno llegue a todos… Aprendamos a esperar en cristiano, pasando del «yo espero» al «nosotros esperamos». Seamos en el corazón de nuestras familias, comunidades y Iglesia «un motivo para seguir esperando» El Santo Padre ayer nos recordaba que la Madre Cándida “vivió para Dios y para lo que Él más quiere: llegar a todos, llevarles a todos la esperanza que no vacila, y especialmente a quienes más lo necesitan”.
Apostar por la esperanza es una forma de apostar por el futuro, pero será necesario hacerla efectiva y operante, darle alas, manos y pies; esto se hace posible cada vez que nuestra esperanza toma la forma de solidaridad.
Y la SOLIDARIDAD empieza a existir en nosotros cuando nuestra primera lealtad es con la familia humana, con todos, sin excepción… En esto nuestra Madre Cándida fue Maestra y ejemplo. Todos somos hermanos y hermanas; hijos de un mismo Padre…
Por eso, agradezco en este momento los gestos de Solidaridad promovidos en cada Provincia que llegarán a ser alivio para nuestro nuevo internado de niñas en Bangladesh, la Escuela de secundaria en Mozambique, el Centro infantil destruido por el tifón en Filipinas y para las víctimas de inundaciones en el Nordeste de Brasil.
Volvamos con OJOS NUEVOS para ver las múltiples bendiciones de Dios, a veces disfrazadas, verdaderos milagros suyos en el mundo que nos rodea… Jesús está vivo y activo de manera sorprendentemente nueva… Seamos las manos y pies de esta vida nueva… facilitadores de los milagros de Dios en el mundo…
Unámonos a tantos otros que buscan lo mismo y aumentemos las filas de aquellos que intentan convertir debilidades y amenazas en oportunidades y fortalezas; de los que ofrecen signos de santidad y promueven la espiritualidad solidaria. Cuidemos que sean más fecundas las relaciones entre todas las vocaciones del pueblo de Dios… Saciemos la sed de nuestros hermanos y hermanas, siendo Evangelio hecho vida.
En el resto de nuestras vidas, hermanos y hermanas, seamos MUY OTROS! Sea esta nuestra señal de la comunión que acabamos de vivir en la EUCARISTÍA que es nuestra fuerza y sustento en el camino que, ya sabemos, no es siempre tan fácil. Pero, si en Jesús todo lo tenemos, es posible no solo volver cambiados, sino que, en Él y con Él, podremos también permanecer MUY OTROS. ¡Dejemos que Jesús sea nuestra fuerza! Estaremos unidos y nos fortaleceremos en las comunidades.
Por esto y para esto pidamos siempre…
SANTA CÁNDIDA MARÍA DE JESÚS
RUEGA POR NOSOTROS

María Inez Mendonça FI

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