A Gabriela le faltaba algo. Sentía que su vida estaba incompleta, que tenía demasiadas preguntas para tan pocas respuestas. Era cristiana desde los nueve años, pero sentía que el Señor no la "llenaba". Tuvo que esperar hasta los 40 años para encontrar la paz que rellenó ese hueco. Cambió de fe y hasta de nombre. Ahora se llama Munira, cubre su cabello con el hiyab y reza en dirección a la Meca.Igual que Gabriela, muchas mujeres en España optan por cambiar de religión, de vida, de hábitos, de cultura. En la mayoría de los casos esto ocurre por amor, después de conocer a un hombre musulmán, aunque algunas, como Gabriela, aseguran que lo hacen porque en el Islam encuentra "respeto y paz infinita".
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Lo que Gabriela y las otras convertidas citan de su adhesión al Islam es el uso del hiyab, la abstinencia de carne de cerdo y de vino, y la mayor o menor admisión de la poligamia. ¿Será eso lo que les llena de su nueva religión y que no encontraban en el seguimiento a Cristo?. El periodista apunta “En la mayoría de los casos esto ocurre por amor, después de conocer a un hombre musulmán” Eso opino yo también.
Vivo ahora con una chica musulmana, Najat. Encantadora, por cierto. Cumple rigurosamente las prescripciones del Corán. Y ve su religión como lo más natural. No se hace otros planteamientos Pero cuando en la pantalla del ordenador vemos alguno de los pps de contenido cristiano que recibo, que a ella le encantan,el deayer era acerca de Teresa de Calcuta, comenta: “eso nosotros no lo tenemos”, y no oculta su admiración por muchas de las propuestas cristianas.
Lástima que nosotros vivamos más al margen de nuestra fe que ellos.
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