
Hablamos de Antoñita, nació en Tolosa, el 6 de marzo de 1898, en el seno de una familia bien situada y de clara opción cristiana. Hoy recordamos cómo, tras un largo proceso de enfermedad, que vivió con entregada docilidad por la conversión de su tío Antxón, murió en salamanca el 27 de abril de 1919.
Podemos ver cómo Antoñita o despierta entusiasmo y acogida por su testimonio de vida o deja a la gente sin reacción, fría. El caso es que su experiencia de cómo vivió la enfermedad, a todos nos mueve, nos provoca sentir, nos cuestiona en una u otra dirección.
Pero Antoñita llegó a esta oblación pasando por toda una experiencia de vida en su familia, que la preparó para formar sus criterios de decisión. Tomemos como ejemplo el itinerario laboral del padre y las consecuencias que asumió en coherencia a su pensamiento político, “se decantó decididamente por el liberalismo político que derivó, en el primer tercio del s. XX, en la apuesta republicana”, “... su ideología de izquierdas no le impidió seguir viviendo su fe” (Beata Mª Antonia Bandrés Elósegui. Hijas de Jesús. El deseo de radicalidad. Silvia Casado Mancha FI, Pág. 39). Lo que apenas se escribe en dos líneas, encierra toda una experiencia en la que esta niña creció, seguramente oyó las conversaciones de sus padres, los problemas a los que se enfrentarían, la importancia de ser fiel a la fe desde su tendencia política, el enfrentamiento a las barreras socio - ideológicas de ayer, (y quizás también de hoy), de pensar que la izquierda es incompatible con la fe y otros posibles temas que construirían el caliú familiar.
Por Ana Martínez FI
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