Las piedras del camino tienen huellas de sangre.
Piedras de la Historia
que llevan fechas de torturas y de muertes,
manchas rojas que nos hablan de Ti.
Derechos conquistado a punta de cadáveres.
Barrotes de presos
que nos alargan cheques de libertad.
Sangre para que hoy
tengamos sangre y vida.
Muchas vidas bajo los cimientos de la ciudad.
Y en el monte un madero rojo
con el primer cadáver a cuestas.
¡El Hombre que abrió la brecha!
Nos habían dicho que la Historia
la hacían los reyes y guerreros.
La Historia la hace la sangre,
la muerte, la tortura.
La Historia la hacen
los que abren espacios de vida
con su vida.
La Historia la haces Tú
que alientas el aliento de esos hombres
y les enseñas a perder la vida
para que haya vida,
para que no haya cadáveres ambulantes
de explotación, de tiranía y de muerte.
La Historia la hacen tus hombres.
No importa que no te reconozcan
si siguen las señales
de sangre del camino de la cruz.
Tus hombres no son
los que llevan encima tu nombre,
sino las manchas de sangre del Nazareno.
Por ellos vivimos hoy,
respiramos aire y no gases.
Por ellos y por nosotros,
que seguiremos sus huellas,
respirarán nuestros hijos un aire más `puro
y alcanzarán con nosotros
la tierra de los vivos
donde sólo viven los que han dado la vida.
Piedras de la Historia
que llevan fechas de torturas y de muertes,
manchas rojas que nos hablan de Ti.
Derechos conquistado a punta de cadáveres.
Barrotes de presos
que nos alargan cheques de libertad.
Sangre para que hoy
tengamos sangre y vida.
Muchas vidas bajo los cimientos de la ciudad.
Y en el monte un madero rojo
con el primer cadáver a cuestas.
¡El Hombre que abrió la brecha!
Nos habían dicho que la Historia
la hacían los reyes y guerreros.
La Historia la hace la sangre,
la muerte, la tortura.
La Historia la hacen
los que abren espacios de vida
con su vida.
La Historia la haces Tú
que alientas el aliento de esos hombres
y les enseñas a perder la vida
para que haya vida,
para que no haya cadáveres ambulantes
de explotación, de tiranía y de muerte.
La Historia la hacen tus hombres.
No importa que no te reconozcan
si siguen las señales
de sangre del camino de la cruz.
Tus hombres no son
los que llevan encima tu nombre,
sino las manchas de sangre del Nazareno.
Por ellos vivimos hoy,
respiramos aire y no gases.
Por ellos y por nosotros,
que seguiremos sus huellas,
respirarán nuestros hijos un aire más `puro
y alcanzarán con nosotros
la tierra de los vivos
donde sólo viven los que han dado la vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario