07 diciembre 2014

#xlacalle...

Me gusta ir por la calle observando, escuchando... es cierto que a veces voy en mí misma, dándole vueltas a las cosas y, de repente, un rumano pidiendo en el suelo me mira y me saca de mí; o un vagabundo duerme envuelto en una manta de plástico y se me hiela el corazón. Es la forma que tiene Dios de gritarme para que despierte. Madrid es lugar especial para ir por la calle observando, por el metro, el autobús. Así quiero empezar una nueva sección donde compartir lo que veo, lo que Dios habla en la calle.
Hace unos días un abuelete iba sentado en el autobús enfrente de una abueleta bien maja. No se conocían. El tráfico era intenso. El hombre le dice que hace frío para estas edades. La mujer sonríe y le contesta que sus huesos se resienten pero que hay que mirar bien a la vida. Yo me agarro bien al autobús contemplando la escena. Al hombre se le debió de cortar la respiración al decir: "Sí, a mí me cuesta mirar bien la vida porque se me fue mi compañera de camino hace 2 años". La abuelita lo mira, se le llenan los ojos de lágrimas y con la mano le dice que no puede hablar. Se hizo silencio. Al menos yo sentí un silencio conmovedor. A los 2 o 3 minutos la mujer le dijo: "Perdone que no le haya hablado es que mi marido murió hace 10 años y aún lloro todos los días". Ahora la respiración se me cortó a mí. Pensé en mi madre y en tantas mujeres que han perdido a sus compañeros y compañeras de camino. Pensé en la soledad que sienten, en el caminar por Madrid con el corazón en lo alto.
Me enseñó que caminamos juntos. Estos abueletes me invitaron a escuchar, a hablar más con la gente en el autobús. Dos ancianos que me hablaron de Dios y de su Reino. 
¿Y tú...? ¿Qué escuchas por la calle?

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