17 diciembre 2014

TIEMPO de DIOS en PERÚ

Hace unos meses escribía sobre por qué soy jesuita, qué me movió a serlo y cómo se fue concretando en mi vida diaria una vocación tan fuera de lo normal en la sociedad en la que afortunadamente vivimos. Hoy escribo para compartir una experiencia que durante años tendré que digerir, rumiar y discernir: los tres meses que pasé en Perú este verano del 2014. Como viene siendo costumbre, a dos escolares (jesuitas que sin ser todavía sacerdotes estamos estudiando) de la Provincia de España nos envían a Perú para colaborar con Fe y Alegría en la Campaña de la Rifa. Nuestra colaboración se concreta en -hablando mal y pronto- ser “comerciales” de Fe y Alegría. Subirnos a un coche y recorrernos multitud de colegios sobre todo en Lima (pero también en Arequipa, Trujillo, Piura, Chimbote, Chiclayo, Tacna) para en una primera ronda colocar los talonarios y que sean vendidos en los colegios; en una segunda ronda, recoger el dinero y los talonarios vendidos y/o devueltos.
Por Nubar Hamparzoumian

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