"¿Entonces tú eres el Papa?". Empapado hasta las orejas, con la sotana y los zapatos embarrados, Carlos Osoro
no pudo menos que sonreir. "No, no lo soy, pero si quieres puedo ser tu
amigo. Me llamo Carlos, ¿y tú?". El arzobispo de Madrid se "embarró"
este sábado para visitar a los mas pobres de entre los pobres de la
capital, los habitantes del poblado de El Gallinero, con quienes compartió más de dos horas y media en una experiencia que, como comentó después a RD, "me ha dejado tocado".
Su anfitrión, el párroco de Entrevías, Javier Baeza, que
apenas se creía lo que estaba viendo cuando, unos días antes, "un
colaborador de la parroquia me dijo que don Carlos quería visitar El
Gallinero". La cita, prevista para el sábado -había fiesta en el poblado
rumano-, estuvo a punto de suspenderse -como la propia fiesta, porque
la barriada estaba encharcada-. Pero Osoro llegó a Entrevías cerca de la una y media de la tarde. "Me conquistó desde el principio", reconoce Baeza, quien apunta que "uno no está acostumbrado a que lo primero que haga tu obispo nada más verte es pegarte un abrazo y pedirte que le llames Carlos".
Por Jesús Bastante



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