17 diciembre 2014

Mi CASA es un AEROPUERTO

El 26 de mayo de 2013 Edu decidió dar un paseo andando desde Madrid hasta Zaragoza. No tenía mucho que hacer por entonces. Si ya cuesta encontrar trabajo, no digamos recién salido de pagar diez años de cárcel. Calculó que, yendo ligerito, el peregrinaje le llevaría unos 20 días. Pero en la primera jornada se le hizo de noche buscando la carretera de Barcelona a la altura de Barajas y se refugió en la T4. Ahí se quedó. Fin del viaje. Justo donde el resto comienza el suyo y donde él, vigués chaparrito de espaldas anchas, sigue esta mañana después de un año y medio rodeado de un montón de maletas que guarda a un euro el bulto. Resulta que no está solo. En esta misma terminal, construida por la rutilante estrella de la arquitectura Richard Rogers y Antonio Lamela a cambio de 6.200 millones de euros, viven una treintena de personas sin hogar. Algunos desde hace años. Pero la mayoría son invisibles para los viajeros.
Por Daniel Verdú

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