Gustave Kiansumba tiene 42 años y vive en Bilbao, adonde llegó en
2009. El suyo fue un largo viaje que empezó en 2001 en su país, la
República Democrática del Congo, del que huyó de la guerra y para poder
seguir estudiando Agronomía. Entonces no sabía que, tras casi una decena
de intentos inútiles por saltar las vallas que separan Melilla y Ceuta
de Marruecos o llegar a nado hasta Melilla desde Nador, lo conseguiría
en 2009, cuando decidió probar suerte en una patera.
El premio Alfonso Carlos Comin
(1933-1980), que recuerda la figura singular de un político que se
definía como “cristiano en el partido y comunista en la Iglesia”, ha
recaido en Kiansumba como símbolo de la perseverancia de tantos
africanos que buscan un futuro mejor.

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