El otro día me citó una buena amiga
para contarme una idea que le ronda la cabeza. Durante un viaje a
Sudáfrica este verano, tras leer una frase de Mandela escrita en un
muro, ha decidido que va a dedicar parte de su talento como
experta en comunicación para concienciar a la gente de que acabar con la
pobreza es posible. Quería saber mi opinión.
Sin duda acabar con la pobreza es posible en términos absolutos. La
pregunta es ¿a qué estamos dispuesto a renunciar para que los demás
dejen de ser pobres? La pobreza es un estigma de otros. Como explica
magistralmente Martin Caparrós en su libro “El Hambre”, hay
millones de hambrientos en el mundo pero nosotros no conocemos a
ninguno, porque se encuentran todos concentrados en sitios alejados.
Lo interesante de la pobreza en este mundo globalizado es que nos
beneficia a todos a distancia. Una distancia suficientemente grande para
que gocemos de sus ventajas sin sentir un ápice de responsabilidad.
Por Lucía Rodríguez Alarcón
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