Cuando el presentador del informativo de mediodía de la cadena COPE
arrancaba esta semana su alocución anunciando que la noticia de aquella
jornada era que no tenía ningún nuevo caso de corrupción que contarnos,
he de reconocer que me entraron ganas de llorar. ¿No les resulta
espantoso que tengamos que sorprendernos porque alguien que
supuestamente dedica su vida al servicio público no nos esté robando?
Creo que la sociedad ya ha llegado al punto de saturación total. Se
refleja en esas encuestas que acobardan a los dos grandes partidos ante
el advenimiento de las nuevas formaciones, aunque habrá que ver cómo
salen del atolladero ahora que sabemos que en todas partes cuecen habas y
también habían robado los que venían a salvarnos de los ladrones.
Porque también roba el que pierde su tiempo en el trabajo, el que no
cumple los cometidos que le fueron asignado, el que engaña a Hacienda
bajo el disfraz de una argucia legal. Hay muchos más robos que los
cometidos a punta de pistola.
Por María Solano

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