Las personas espirituales conocemos, creemos, sentimos o intuimos la
Presencia de un Misterio “tremendo y fascinante”, una Realidad
transcendente que da sentido a nuestra propia vida, a la Naturaleza y a
la Historia del mundo. A veces lo llamamos “Dios”, “Padre” o “Madre”
pero hay quienes lo llaman de otra manera o sencillamente no lo llaman
de ninguna.
Nuestras formas de vivir la espiritualidad son tan diversas como lo
somos los mismos seres humanos. Cada persona puede vivir su dimensión
espiritual como mejor le parezca (“Como Dios le dé a entender”) y debe
ser respetada mientras respete a las demás.
Nuestro amor, afectividad y sexualidad son también diversos y dignos
de respeto. Nadie es quién para imponernos cómo debemos vivirlos. Nadie.
Es parte fundamental de nuestra libertad y dignidad.
Las Iglesias cristianas y otros grupos religiosos van aprendiendo
poco a poco lo que significan una sociedad y un Estado laicos e
inclusivos, que reconocen los Derechos de las personas LGTB+ (lesbianas,
gais, transexuales, bisexuales y otros). Será bueno seguir
aprendiéndolo, ¿no os parece?
Por Chema Muñoz

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