05 noviembre 2014

“No tenemos dinero ni para echar sal a la comida”

A las mujeres camboyanas que fabrican la ropa que vestimos más al Oeste no les salen las cuentas. Ellas viven con 72 euros al mes, ganados tras pasar seis días a la semana —y en algunos casos, los siete— pegadas a una máquina de coser durante 12 horas, a veces más. Pese a que los costes de vida del país son muy bajos, su sueldo queda muy lejos de los 282 euros (395 dólares) que Asia Floor Wage Alliance, organización internacional que defiende los derechos de los trabajadores, considera una cantidad mínima aceptable para cubrir gastos de vivienda, alimentación, sanidad o educación, entre otros. Esto significa que las casi 500.000 mujeres que trabajan en el sector textil camboyano no tienen acceso a los servicios más básicos y además trabajan en recintos muy inseguros donde los accidentes laborales son el pan de cada día. El último ocurrió el pasado 21 de octubre, cuando una de las plantas del edificio que ocupa la empresa Nishiku, en la provincia de Takeo, se desplomó. Cinco mujeres resultaron heridas.
Por Lola Hierro

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