La violencia de género nunca empieza con una paliza ni con un
puñetazo. Ni tan siquiera con una bofetada. La violencia de género asoma
sus garras mucho antes con los primeros celos, las
incipientes amenazas o los insultos constantes. Sin embargo, la mayoría
de las víctimas no se atreve a denunciar hasta que llegan las palizas,
uno de los últimos peldaños de esa escalada de tensión. Y, en muchos
casos, ya es tarde.
La receta para combatir los malos tratos no tiene una fórmula mágica.
Si se conociesen los ingredientes exactos, los agresores no habrían
arrancado de cuajo la vida a 45 mujeres a lo largo de todo 2014, una víctima más si se contabiliza a Adolfina Puello,
la joven dominicana asesinada presuntamente en el mes de junio por su
pareja, cuyo cadáver fue encontrado ayer en un pozo de Zamora.
Por Ana del Barrio

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