Beltrán. José. Pepe. Incluso, Josele. Reacciono con la misma celeridad cuando me llaman, aunque a veces el Whatsapp se me atragante y la respuesta se retrase. Pertenezco a la generación del Cola Cao, esa que ha nacido en una democracia dada, con un Estado del Bienestar regalado y devenido en sociedad del consumo del todo vale: “Si no queda satisfecho, le devolvemos su dinero”. Incluso le cambiamos sus valores, si no le hacen juego con su traje. Mi comunidad de vecinos es el diálogo interreligioso encarnado en un descansillo por marroquíes, ecuatorianos y rumanos. Mi colegio –no me consiguen echar ni con agua caliente de la pastoral– es instantánea de unos chavales que viven abducidos por el 2.0, de familias rotas, de desasosiegos por llegar a fin de mes… Pero también de misión compartida. Religiosas, sacerdotes y laicos a una, para que en cada una de esas escenas, el Buen Pastor haga de las suyas. Y sí, vengo de La Razón. Por cierto, cuando me responsabilizaron del área de Religión allí, alguien temió y alertó de que convertiría aquello en Vida Nueva. Etiquetas, como las que yo también cuelgo con premura.
Por José Beltrán

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