Plaza de San Pedro de Roma
tarde del sábado 4 de octubre de
2014
Queridas familias ¡Buenas noches! Anochece ahora en nuestra
asamblea. Es la hora en que se vuelve a casa de buen grado, para
encontrarse en la misma mesa, en el espesor de los afectos, el bien
cumplido y recibido, de los encuentros que calientan el corazón y lo
hacen crecer, vino bueno que anticipa en los días del hombre la fiesta
sin ocaso.
Y también es la hora que más pesa para el que se encuentra cara a
cara con su propia soledad, en el crepúsculo amargo de sueños y
proyectos quebrados: cuántas personas arrastran sus días en el callejón
sin salida de la resignación, del abandono, e incluso del rencor; en
cuántos hogares ha faltado el vino de la alegría y, por lo tanto, el
sabor – la misma sabiduría – de la vida…
De los unos y de los otros, esta noche, nos hacemos voz con nuestra oración.

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