Está en boca de todos, y llega a convertirse casi en una obviedad, que
la desatención hacia el continente africano es una barbaridad sangrante.
Que lo nuestro ha sido esquilmar sus pueblos y llevarnos en sacas el
género. Tal desatención y aprovechamiento son ciertos, pero sólo parte
de la tormenta perfecta que asola al continente desde el post
colonialismo: la deforestación educativa. Y cuando dejas al hombre a la
suerte de sus miedos, sin las andas de la cultura y el desarrollo
espiritual, es capaz de tomar iniciativas inverosímiles y creer
cualquier cosa. Me lo contaban dos misioneros en Mozambique, “el
gobierno ha ideado estos días una campaña muy necesaria para que la
gente no crea en los fantasmas. Aquí todos andan perseguidos por la
sombra del difunto al que odiaron o con el que tuvieron litigios. La fe
que les mostramos les ayuda a saberse queridos y seguros“. La superstición tiene un perfil más feo que el de la culebra retorcida del ébola.
Por Javier Alonso Sandoica

No hay comentarios:
Publicar un comentario