¿Conoces “Los juegos del hambre”? Es posible que sí, una interesante
fábula con tristes paralelismos con nuestro mundo. En el Capitolio,
capital de Panem, la gente disfruta de una vida más o menos tranquila,
entretenidos en sus cosas, preocupados por sus modas, divertidos por los
medios –lo más de lo más es la competición anual de Los juegos del
hambre- y bien abastecidos y alimentados gracias a los recursos que se
generan en los distritos de la periferia, donde la gente malvive.
A veces parece que nuestro mundo tiene algo de Panem. Mientras el ébola
esté en los distritos no dejará de ser una noticia más, entre una
avalancha de noticias, que se van encadenando unas a otras. Durante unas
semanas hemos tenido un susto, porque el ébola llegó al Capitolio.
¡Qué desfachatez! ¡Qué ignominia! ¡Qué tercermundista, esto de importar
una enfermedad de pobres! ¡Los protocolos! ¡Los protocolos! Cundió un
pánico bastante irracional. Al final la tormenta amainó.
Por J.M. Rodríguez Olaizola sj

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