02 septiembre 2014

RECELAR de nuestra propia MADUREZ

Nuestros cuerpos y nuestras almas tienen por separado su proceso de madurez, y no siempre están en armonía. Así, T. E. Laurence, en “Los siete pilares de la sabiduría”, hace este comentario sobre alguien: “Tenía miedo de su madurez conforme profundizaba más, con su maduro pensamiento y acabado arte, pero a la que le faltaba la poesía de la infancia para hacer vivo un final completo de la vida… su condicionada y mortal alma madurando más rápidamente que su cuerpo, iba a morir antes que él, como la mayoría de las nuestras”.
Sospecho que todos nosotros, a algún nivel, tenemos miedo de crecer en madurez. No es tanto que no queramos dejar los hábitos de nuestra juventud o que temamos que los gozos de la madurez sean de segunda categoría en comparación con los placeres de la juventud. Hay -creo yo- una razón más profunda: “Tememos -como Laurence indica- que nuestra madurez nos despojará de la poesía de nuestra juventud y nos hará viejos antes de tiempo”. ¿Qué significa esto?
Por Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano, cmf)

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