No me acostumbro. Llevo 8 años siendo testigo de la
violencia policial contra los manteros y no me acostumbro. Al principio
me parecía increíble, creía que era un error de traducción cuando
escuchaba los relatos de los compañeros narrando el modo como habían
sido tratados al ser detenidos, las expresiones verbales racistas con
que se habían dirigido hacia ellos, los apretones por el cuello hasta
dejarles casi sin aire y la humillación del cacheo de cuatro contra uno
tirándoles al suelo ante la mirada atónita de los viandantes. Nacieron
entonces en muchos barrios los grupos de apoyo frente a las redadas y
detenciones.
No me acostumbro. Han paso muchas cosas en estos 8 años. Ganamos la
despenalización de la manta. Sobrevivir no podía ser un delito. Evitamos
ingresos en los CIES
y algunas deportaciones a la vez que las denunciamos y seguimos
haciéndolo boicoteando a las compañías como AIR EUROPA que las ejecutan.
Muchos compas consiguieron sus papeles. Invirtieron mucho
esfuerzo haciendo cursos de capacitación para buscar otro trabajo. Ya
tenían formación en sus países de origen pero necesitaban adecuarse al
mercado de la precariedad y la explotación de este país en su deseo de dejar la manta. Y
así, en ese intento fallido, pasaron a convertirse fugazmente en mano
de obra gratuita con sus prácticas en grandes cadenas de supermercados
o mozos de carga en sus almacenes a cambio de una línea en un
currículum para una ETT que nunca les llamó.
Por Pepa Torres

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